TORNEOS DE NAVIDAD ¡SE RUEGA CORDURA!



Llega la navidad y junto a las luces, la lotería, las comidas de empresa, las reuniones familiares y alguna que otra cosa más, llegan también los torneos navideños de fútbol, baloncesto, balonmano y otros deportes y exhibiciones deportivas.

Son días de grandes ilusiones. Para muchos niños y niñas, esta será la primera vez que van a participar en un evento como así, por lo que, los nervios, la excitación, la responsabilidad, el miedo, la frustración, la incertidumbre y algunas variantes emocionales más, llamarán por primera vez a sus recién estrenadas puertas.

Por ello, se me antoja importante comentar algunas cosas al respecto, siempre con el máximo respeto y desde la idea de que lo que yo diga ni sienta cátedra, ni tan siquiera es creíble, se trata tan solo pues, de una opinión personal que si a alguien le hace reflexionar, ya habrá servido de mucho.

Los torneos y las edades de los participantes es variopinta. Podemos encontrar torneos escolares, de clubes, de marcas comerciales e incluso, de productoras de televisión. En este aspecto, cada quien lo monta como puede o sabe y lo hace en su barrio, su pueblo, su ciudad, su provincia e incluso los menos, lo hacen internacionalmente. 

Sea cual sea el torneo que vaya a disfrutar (vean que he omitido voluntariamente "disputar") cada niño o niña, es importante conocer la verdadera relevancia del evento y lo que de bueno les va a proporcionar a los pequeños y jóvenes deportistas. ¿Por qué digo esto? pues porque aún con el paso del tiempo y de los años, los adultos, seguimos equivocándonos en la forma de acompañar a nuestros hijos e hijas en sus momentos de gloria.

Podría entender, aunque no lo comparta, el hecho de que vivimos en una sociedad competitiva, en una sociedad donde prima el "qué" sobre el "como", el "yo" sobre el "nosotros", el "egoísmo" sobre la "generosidad", y como quiera que esto es algo que no voy a poder cambiar yo, aunque lo intente, si puedo e incluso debo, lanzar un mensaje de coherencia y responsabilidad a quienes tenemos en nuestras manos el deber de dar ejemplo y al menos síntomas, de cierta educación y madurez.

En mi ciudad, donde yo resido, se celebra un torneo "interescolar" que ha tomado tal magnitud social adulta que, para mi forma de ver, necesitaría un reseteo y una larga reflexión de los organizadores para buscar alternativas a lo que es hoy este torneo y para lo que se creó hace ahora cuarenta años. He mencionado "magnitud social adulta" con toda la intención y con el propósito de hacer caer toda la culpa y si no gran parte del peso de la culpa sobre, (utilizo el género neutro en esta enumeración) los adultos, padres, familiares, tutores, entrenadores, alineadores, directores, apymas y colegios o centros educativos en cualquiera de sus múltiples versiones.

Dejo a un lado a los niños y niñas, creo que tienen suficiente con intentar pasarlo bien, y no crean que es algo baladí, muchos de ellos, empiezan a enfrentarse a tan corta edad a problemas de salud mental y esto es algo que me parece inadmisible, denunciable y que habría que evitar cueste lo que cueste. En esto no puede haber dobleces, ni excusas cargadas de falta de ética y de moral, en una sociedad que se abre las carnes en la búsqueda de la igualdad de oportunidades, de derechos e incluso de género, derechos que comparto y promulgo en cualquier intervención que realizo.

Basta con darse un paseo por las instalaciones donde se lleva a cabo este torneo, para darse cuenta que algo falla. El hedor a competitividad mal entendida es enorme, las caras descompuestas de los que debieran ser simples "acompañantes o llevadores" llama la atención, los gritos de los entrenadores/alineadores, a veces abusivos, casi vejatorios, las disputas dialécticas entre adultos, las faltas de respeto y deportividad, la ida de olla de algunos "incalificables" que saltan al campo a por un árbitro, que es un niño, a las agendas de ojeadores, de fichadores disfrazados con piel de cordero, al olor putrefacto del mercadeo humano realizado con los niños y niñas deportistas, a la exhibición y al ofrecimiento.

Entre semana, las instalaciones del club que acoge el torneo permanecen cerradas a cal y canto para todo aquel que no pertenezca al club, esto es, cerrado para adultos, padres, familiares, tutores, entrenadores, alineadores, directores, apymas y colegios o centros educativos en cualquiera de sus múltiples versiones, a las agendas de ojeadores, de fichadores disfrazados con piel de cordero, hasta del sujeto "incalificable" que salta al campo.  Curioso cuando menos, ¿una llave hacia la cordura?

No me olvido por supuesto del tercer equipo (por si alguien no lo sabe, son las árbitras y los árbitros). Yo no sé si son buenos, malos, o regulares, estoy convencido de que intentarán hacerlo lo mejor posible, a veces lo conseguirán y a veces no, ¿y? ¿qué problema hay? ¿no son también deportistas? entiendo que tendrán derecho a equivocarse ¿no? o igual hay que preguntárselo a muchos profesionales que no meten un penalti o un gol, aunque no esté el portero en la portería.

Disfruten de los críos y crías, de los jóvenes, no les estropeen el recuerdo de algo que les pertenece solo a ellos y a nadie más, aprendan la noble profesión del "llevador" y sobretodo,  tengan mucho cuidado con lo que dicen o hacen con un niño o una niña, con un joven, el daño, a la larga, puede ser irreparable.


 

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